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Andrés Guardiola / Staff - 2017-06-04 13:33:42 Salud y Ciencia Guanajuato - Con base en un virus, investigadores de la Universidad de Guanajuato auspiciados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología –Conacyt-, han creado un insecticida de origen viral, que ataca solamente a los insectos que dañan los cultivos sin dañar al medio ambiente y por supuesto, a la población. Y es que en el año 2013, el gusano ‘cogollero’ devastó 450 mil hectáreas de maíz, la plaga se volvió resistente a los químicos y los agricultores se quedaron sin alternativas para combatirla. María Cristina del Rincón Castro, profesora en el Departamento de Alimentos del Campus Irapuato-Salamanca, encabeza a un equipo multidisciplinario de investigadores que trabaja en el desarrollo de bioinsecticidas de origen viral que se puedan aplicar en el campo mexicano, específicamente en el bajío guanajuatense. Del Rincón Castro destacó que en México hay “cierta resistencia” a trabajar con virus para atacar a las plagas en el campo, “pero es mucho más peligroso que durante más de 50 años estén llenando los cultivos con toneladas de insecticidas químicos, que son inespecíficos, matan no sólo insectos perjudiciales, sino mamíferos, aves, peces, y dañan la salud de los seres humanos”. La investigadora ha trabajado durante 26 años con virus entomopatógenos -que se reproducen de forma exclusiva en los insectos- los aísla en el laboratorio y selecciona los más agresivos para que maten a los gusanos en un menor número de días y así ya no afecten los cultivos. “El control biológico de plagas es una alternativa que se usa sobre todo en los países del Primer Mundo, en donde ha demostrado su eficacia, sin embargo, en México es una alternativa novedosa, y la Universidad de Guanajuato es pionera en su utilización”, apuntó la especialista. El proyecto implica estudiar la biología y el comportamiento de los virus, aislar el material genético del que están hechos, secuenciar el genoma de los virus, contabilizar sus genes, conocer cómo entran al insecto y por qué lo matan. Es una investigación a largo plazo, porque el objetivo final es pasar de esta investigación básica a una aplicada, explica la académica adscrita a la División de Ciencias de la Vida. En el proyecto, financiado por la Universidad de Guanajuato –UG- a través de la División de Apoyo a la Investigación y al Posgrado -DAIP-, colabora Darío Salas, profesor del Departamento de Agronomía; así como Jorge Ibarra, profesor del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional –Cinvestav- Irapuato, y estudiantes de posgrado de la UG, y alumnos de Licenciatura de los departamentos de Alimentos, Agronomía e Ingeniería Ambiental. Los investigadores salen al campo, buscan en plagas adheridas al maíz, brócoli, lechuga, o manzanos, y analizan de qué están enfermos los gusanos, los transportan al laboratorio y aíslan el agente causal de esa enfermedad. Además, “cultivan insectos” para tener las condiciones idóneas que les permitan demostrar la eficacia de los virus. La parte referente a investigación básica es financiada por el Conacyt, en ese proyecto trabajan con las plagas de brócoli y de coliflor. La intención es aislar diez cepas nativas, estudiar el virus en el laboratorio, y una vez que lo tengan bien caracterizado, regresarlos al campo para matar al insecto. “Es una tecnología tan sencilla que el mismo agricultor puede asperjar el producto viral, colectar los gusanos que se murieron por el virus, volverlos a moler y volverlos a utilizar como un insecticida que se está reciclando. No dañan a los seres humanos porque esos virus son absolutamente específicos para los insectos”, destacó la lideresa del proyecto y doctora en biociencias. Además, dijo, es poco probable que puedan mutar, porque son virus de más de 150 genes, eso hace que sea muy difícil que los insectos desarrollen resistencia a más de 150 proteínas diferentes. “Por eso son inocuos, seguros desde el punto de vista ecológico, y para nosotros, que somos los que lo aplicamos y comemos esas hortalizas”, aseguró María Cristina del Rincón Castro. Ahora el siguiente objetivo de los investigadores, es contactar a una empresa para convencerlos de invertir en producir los virus a nivel comercial.
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