Aunque de a poco el lugar se vuelve más y más popular, durante más de un siglo una comunidad rural del municipio de Dolores Hidalgo ha ocultado para sí, el entierro de una de las mayores pesadillas del imaginario mexicano, La Llorona.
Cuentan que desde el siglo XIX el caserío en torno a la Hacienda Siete Reales era asediado por el espectro de lo que parecía ser una mujer en blanco, aullando por las noches y siendo incluso la responsable de la desaparición de niños y la muerte inexplicable de adultos.
La dama de blanco no solamente aparecía por las noches, era tal su poder que ya rondaba de día, ocasionando que muchas familias abandonaran el lugar, localizado sobre la carretera San Luis de la Paz - Dolores Hidalgo.
Isidro Arteaga, habitante del lugar y conocido como Don Chilo, narró que se tienen datos que desde el año de 1850, La Llorona clamaba por sus hijos, incluso con el popular y no menos desgarrador grito de “Ay mis hijos”.
En el año de 1913 fue construida una ermita, un tipo de monumento entre los sembradíos, los cuales han dado sorgo, maíz, chile y hoy, en el año 2020, son nopaleras.
La obra se alzó a fin de detener las andanzas del espectro, y bajo las órdenes específicas de El Vaticano, ya que la sociedad de éste y otros pueblos a la redonda se organizó, juntó el dinero y trajo un grupo de sacerdotes, algunos españoles, que dieron fe de lo que estaba ocurriendo, haciendo un llamado a la Santa Sede para que combatiera a la malvada entidad.
“Pasó que los frailes, en uno de los recorridos, vieron y escucharon a La Llorona aquí en los sembradíos. A ella no le importaba que la vieran, era así de poderosa”.
Pero los religiosos notaron que el fantasma se detenía en un punto determinado de los sembradíos y ahí dejaba de llorar y desaparecía. Es en ese lugar en donde se alza ahora la tumba de La Llorona.
El Vaticano ordenó que en ese punto se construyera un monumento, una tumba que le diera paz al espíritu. Los sacerdotes, de forma paralela, hicieron un exorcismo al lugar, y así le dieron paz.
“Fue el primer exorcismo que se hizo en México formalmente”, agregó Don Chilo, quien es una suerte de cronista del lugar.
Y fue el mismo Don Chilo que en 1963 colocó una cruz de cantera en lo alto de la tumba de La Llorona, ya que todavía había gente que presenciaba situaciones paranormales en el predio.
Pero los pobladores de la región se llevaron una sorpresa macabra, toda vez que una noche tempestuosa un rayo cayó sobre la cruz de piedra, haciéndola mil pedazos y dañando incluso el monumento. La gente se lo ha atribuido a los poderes, todavía latentes, de La Llorona.

“El golpe fue tan duro, que arrojó los fragmentos de la cruz por todos lados, hasta a 300 metros de distancia, lo que naturalmente espantó más a los vecinos”, acotó Don Chilo.
El agricultor comentó que en el nicho de la construcción había originalmente una cruz benedictina de cantera, igual a la localizada al interior de la iglesia que la localidad, la cual, por cierto, se ha quedado sin gente. De 70 familias que había hace 20 años, ahora restan 15.
“La cruz de cantera, la antigua, se la robaron. Luego mandé a hacer una de madera, bien bonita. Y también. Ya no hay respeto. Alguien pintó una ahí, pero se ve fea. Vamos a juntar dinero para mandar a hacer una de madera otra vez”.
DOS TUMBAS
La ermita no solamente representa la tumba espiritual de La Llorona, sino que también en 1914, fue enterrado ahí el cuerpo de un desconocido, fusilado a espaldas de la construcción, durante la guerra de la Revolución Mexicana.
Aún se puede ver ahí el impacto de la bala que lo atravesó.
ORÍGENES
El origen de La Llorona de Guanajuato es francamente similar al del resto de las leyendas que impregnan a todo México.

Se trata del momento de locura de una mujer que por desamor, asesinó a sus tres hijos, ahogándolos en el caudal de un arroyo que cruza la comunidad. Acto seguido, la asesina se llenó de remordimiento y también de odio al percatarse de que la venganza contra su marido infiel no sirvió de nada.
Según José Luis Alamilla, Cronista del Municipio de Dolores Hidalgo, cuenta la leyenda que antes de ser detenida por las autoridades, la mujer se amarró a una carreta y se arrojó a un barranco para morir entre la tristeza y la rabia.
El relato indica que el suicidio no la llevó a encontrarse con sus hijos, a los cuales busca con desenfreno, confusión e ira. En su enojo, La Llorona se lleva a otros niños y suele asesinar a los adultos.
De vez en cuando, y siendo muy perceptivo, en la Hacienda Siete Reales todavía se puede ver a La Llorona y escuchar su llanto de ultratumba.



